jueves, 27 de marzo de 2014

Anatomía de un instante.

Anatomía de un instante
 JAVIER CERCAS Escritor
Un libro suyo sobre el 23-F, Anatomía de un instante, clavó un momento grave de la vida española, cuando este país pudo haber visto interrumpido su proceso democrático. El instante actual es otro. Los militares están en los cuarteles, no se oye otro ruido que el de la crisis y los gritos de los acampados que explican, en las plazas y ante las instituciones, que los políticos "no nos representan"
"Aquí ha habido una gran estafa"

JUAN CRUZ
(…) Y lo encontramos preocupado y vehemente; cierra los ojos casi violentamente cuando piensa (y duda), y dice que la que está en el poder, que es su generación, es la generación del fracaso, cuya gestión desemboca en "una gran estafa". Aquí lo explica.

Pregunta.¿Qué nos pasa, Cercas?
Respuesta. No lo sé. Pero mira esta noticia que viene hoy en EL PAÍS: del medio centenar de diputados del PP en Valencia, diez están acusados de corrupción. ¡Un 20%!
Eso no puede ser. Y lo peor -y este es uno de los caballos de batalla de los chavales que han estado acampados- es que hay una corrupción altísima en casi todos los partidos y que no quieren ponerle freno.
"Las listas cerradas son propias de una democracia que no está madura, en mi opinión"

(…) Lo que pasa es que este país ha funcionado más que razonablemente bien durante un tiempo.
La Transición funcionó y los últimos 35 años han sido buenos, sobre todo si los comparas con los dos siglos anteriores. Pero desde hace un tiempo todo esto exige un cambio.
Cuando los chavales acampados empezaron con el M-15 yo sentí una ilusión razonable. Lo raro era que no hubiera ocurrido eso antes: con un 20% de paro, con un 43% de paro juvenil, con cinco millones de parados, ¿cómo es que eso no pasó antes?
Sin duda, la crisis económica ha sido el gran detonante, pero esto ya viene de antes. Creo que para que esto siga funcionando razonablemente tiene que haber cambios sustanciales. Y estos chavales, de una manera instintiva, intuitiva, espontánea, desordenada si quieres, han acertado. Su diagnóstico es acertado. Cuando dicen "democracia real, ya", ¿qué quieren decir? Mira, la democracia perfecta no existe; una democracia perfecta es una dictadura. La democracia de Franco, la de Castro...

(…) Las democracias de verdad son imperfectas, pero son infinitamente perfectibles. Ahora, son perfectibles si se van perfeccionando, adecuando a la realidad. Y la nuestra hace mucho que no lo hace; eso es lo que yo creo que quieren decir esos chavales: que necesitamos una democracia mejor. Han pasado 35 años desde el 76, ¡35 años!; 33 desde la Constitución... Algunos de los cambios de lo que estos chavales piden son totalmente razonables.
"En España, todavía, en cuanto rascas un poco sale un energúmeno con un garrote"

(…) Hay un problema fundamental en nuestra democracia, y es que es una democracia dominada por los partidos, una partitocracia.
El poder que tienen los partidos es absolutamente desproporcionado.
Los partidos no son asociaciones democráticas, lo sabemos, no funcionan democráticamente. Más: los partidos son el foco fundamental de la corrupción. De esos diez imputados de Valencia, ¿cuántos hay vinculados de una u otra forma a la financiación irregular del PP? Muchos. Es decir, gran parte de la corrupción en España viene de la financiación de los partidos.
(…) Nosotros no votamos a las personas que queremos que nos representen: votamos a las personas que los partidos quieren que nos representen. Las listas cerradas son propias de una democracia que no está madura, en mi opinión. Ya sé que hay mucha gente que ataca las listas abiertas, que dicen que eso es una ingenuidad... No estoy de acuerdo.

(…) Cuando nace la democracia en España, los partidos políticos apenas existen, y esto era un problema porque los partidos son indispensables para una democracia: son los que canalizan las aspiraciones de la gente.
Entonces se piensa, con razón, en crear unos partidos fuertes..., que acaban siendo demasiado fuertes.
Por otra parte, los partidos no tenían dinero con que financiarse, así que se crea una martingala que funcionó un tiempo, pero ya no funciona; la martingala fue una solución, y ahora es un problema.
Lo mismo pasa con las listas cerradas y con tantas cosas más.
"No he visto tíos valiosos de mi edad que hayan ido a la política, como ocurrió en la Transición"

(…) En la Transición, mucha gente valiosa que venía del tiempo del franquismo se metió en política por un imperativo histórico, moral, porque había que acabar con la dictadura y construir una democracia: parte de los mejores de aquella generación que vivió bajo Franco estuvo por eso en política.
Lo que ha pasado con mi generación -y me estoy acusando a mí mismo, porque es la generación que está ahora en el poder, la generación de Zapatero- es que los mejores no han ido a la política.
No necesariamente todos los mejores tienen que estar en la política, claro: también tienen que estar en la ciencia, en la economía, en la universidad; pero algunos de los mejores tienen que ir a la política. Mi impresión es que no ha sido así. Nosotros, los de mi tiempo, nos hemos dicho: bueno, esto ya está arreglado, existe una democracia, que lleven el carro otros. Y quienes lo han llevado, en parte, han sido los peores, o algunos de los peores.

(…) No he visto tíos valiosos de mi edad que hayan ido a la política. Y me parece que eso es preocupante. Y eso significa quizá que, a menos que entre todos le pongamos remedio, mi generación ha fracasado: les vamos a dejar a nuestros hijos un país peor del que nos dejaron a nosotros nuestros padres.

Pregunta. Previamente uno no sabe que son los peores. ¿Qué ha pasado para que esa generación haya perdido esta oportunidad? ¿Por qué persisten la corrupción, la crispación? Es que no es solo su generación: la anterior también se envileció... ¿Y por qué los nuevos medios no sirven aún para que la sociedad y la política sean mejores? ¿Por qué la maledicencia domina la conversación nacional?
"Fue excesivo pretender entrar en la 'Champions' y ahora que nos comparen con Grecia"

Respuesta. Tenemos que ser realistas. Hay cosas que son inevitables. Un cierto grado de corrupción es consustancial a la democracia; es el precio de la libertad, y hay que pagarlo: mucho más grande es la corrupción en un sistema autocrático.
Por otro lado, hablas de maledicencia: de nuevo es el precio de la libertad.
Internet y las nuevas formas de comunicación son algo extraordinario.
Nos ha cambiado la vida a todos. Pero esto tiene un precio muy alto que hay que pagar; por mi parte lo pago encantado, aunque a veces me escueza. Hay otra cosa que me parece importante.
Esos treinta años de prosperidad y de integración en Europa, igual que crearon un espejismo económico, crearon también un espejismo cultural.
Tengo la impresión, y más que la impresión la certeza, de que en España y fuera de España se tenía una imagen del país excesivamente optimista. En la última década me he movido bastante fuera de España y este país parecía la bomba: Ferrán Adriá, Rafa Nadal, Pau Gasol, Pedro Almodóvar... Además, íbamos a superar el producto interior bruto de Italia y nos íbamos a colocar...

(…)  ¡En la Champions! Éramos la bomba, y ahora de repente somos parte de los PIGS (Portugal, Italia, Grecia, España...).
Aquello era excesivo, y esto también: ni una cosa ni otra.
Iba por Italia y los amigos me decían: "¡Joder, me hago de Zapatero y me voy a España!".
Era cuando se legalizaban los matrimonios homosexuales, cuando se dictaban leyes de igualdad... Y yo decía: "Tranquilos, que Zapatero no es una mezcla de Pericles y san José de Calasanz".

Pregunta. Así que dimos una impresión que no nos correspondía.
R. Económicamente hemos vivido muy por encima de nuestras posibilidades: ahora ya lo sabemos; pero la imagen general que proyectábamos tampoco se ajustaba a la realidad.
Lo diré de otra manera: no puedes cambiar 200 años de historia durísimos, de guerras civiles, de golpes de Estado, en tres décadas. Es imposible.
No puedes pretender que España tenga una cultura de la democracia y de la libertad como la que tiene Inglaterra.
Es imposible. Inglaterra lleva muchos siglos de cultura de la libertad y nosotros no.
A menudo, me preguntan fuera qué queda del franquismo en España. Siempre digo lo mismo: ETA y nuestra secular tradición de intolerancia.
Un país educado en la libertad es un país educado en la tolerancia y este país no ha sido educado en la tolerancia.
La tolerancia, lo dijo Alejandro Rossi, consiste en no confundir un error intelectual con un error moral. Es decir: yo puedo estar equivocado, pero no por eso soy un canalla, y no por eso tienes tú que arrearme con el garrote.
En España, todavía, en cuanto rascas un poco, sale un energúmeno con un garrote. A eso me refiero cuando digo que teníamos una visión excesivamente optimista de nosotros mismos.

P.¿Qué hemos de hacer?
R. No lo sé. Lo único que sé es que todavía tenemos que trabajar mucho para construir un país civilizado, un país en el que se disfrute de la discrepancia, en el que triunfe la cultura del trabajo, una sociedad meritocrática en la que el que más hace es el que más vale... Esto en España aún no ha arraigado, aunque en estos 35 años el progreso ha sido evidente.

P. Pero el estado de ánimo es el de un país notoriamente insatisfecho...
R. ¿Cómo no va a serlo? Resulta que mi padre vivió mejor que mi abuelo y que yo he vivido mejor que mi padre, pero también resulta que mi hijo -que sabe muchas más cosas que yo a su edad- puede vivir peor que yo.
Cuando dicen de los acampados que forman parte de la generación más preparada de la historia, se dice una verdad inapelable.
Los que dicen que la educación en España se ha acabado o que ahora es mucho peor que antes deberían explicarnos a qué antes se refieren.
¿Al franquismo, que es lo único que ellos han conocido? ¡Anda ya, hombre!
Esta educación es mucho mejor: estos chavales saben más, hablan idiomas, han viajado, han leído más y están mucho mejor preparados para todo.
Pero les habíamos prometido que iban a vivir mejor que nosotros y ahora resulta que van a vivir peor y que están con el agua al cuello. ¡Cómo no van a protestar! Lo extraño, insisto, no es que hayan protestado, sino que no lo hayan hecho antes.

(…) Hemos vivido un fracaso nacional y la crisis es su expresión máxima.
El problema que tienen estos chavales es cómo darle a su protesta una forma.
El estallido de indignación ha sido extraordinariamente civilizado y sensato; el problema es qué pasa ahora. La cosa se puede degradar y no ir a ninguna parte.
¿Y qué hacemos?
La izquierda tiene que saber que ese fracaso es en grandísima parte suyo y que esos chavales han sido abandonados por ella: por eso gritan.
Es decir, aquí ha habido una gran estafa, y hay que decirlo.
En 2008 los bancos se iban al carajo, y con ellos el sistema financiero y todos nosotros detrás. Así que los políticos nos dijeron: vamos a dar a esta gente dinero para que no se vayan al carajo, pero a cambio les exigiremos que respeten unas reglas, para que esto no vuelva a pasar.
Y les dimos el dinero, pero no tuvimos el valor de ponerles las reglas, con lo cual los bancos volvieron a las andadas, y en primer lugar contra quienes les habían dado el dinero, es decir contra los Estados, es decir contra todos.
De ahí viene la crisis actual, la crisis de la deuda.
Esto ha sido una estafa, fruto en gran medida de una falta de coraje, sobre todo por parte de la izquierda.
Ya no voy a lo que ha hecho Zapatero, que para mí ha sido una gran decepción.
Mira, con mucho dinero yo también sé gobernar: así gobierna cualquiera; un gobernante de verdad es el que sabe gobernar cuando llegan los problemas.
Y Rodríguez Zapatero se ha limitado a esperar a ver si se arreglaba la cosa y, cuando ya no tenía arreglo, ha hecho a última hora y de mala manera lo que ya no le quedaba más remedio que hacer.
"Sin trabajo, sin futuro, viviendo en las casas de sus padres, ¿cómo no van a estar cabreados?"

P.Está usted decepcionado.
R.Con Zapatero, sí: esperaba más.

P. E indignado también.
R. Lo de la indignación me hace gracia porque la gente, muchos de los llamados intelectuales, miran a estos chicos por encima del hombro.
Eso me ha irritado bastante.
Repito: ¿cómo no van a estar indignados? Todos en la calle, sin trabajo, sin futuro, viviendo en las casas de sus padres, ¿cómo no van a estar cabreados?
Estos chicos no buscaban la playa debajo de la Puerta del Sol, son más realistas y más sensatos que los del 68. ¿Qué hay de malo en eso?
Les dicen: "Es que indignarse no basta". Evidente. Pero es más que nada, y puede ser el principio de algo.
Lo del Movimiento 15-M me parece lo más saludable que ha pasado en este país en los últimos años. Estos chavales, de quienes decían que no servían para nada, que estaban despolitizados y que solo estaban preocupados por la play-station, de repente dicen: nos están jodiendo, están jodiendo a mucha gente; por tanto, salimos a la calle y protestamos. Eso de entrada. Y protestan civilizadamente, pidiendo cosas realistas que se pueden llevar a cabo, que no son disparates. Me parece estupendo.

P. Dijo usted que sintió ante este movimiento "una ilusión razonable". ¿Le alivia de la sensación de fracaso con respecto a lo que ha hecho su generación con el poder?
R.¿Quieres decir si pienso que estos chicos nos van a redimir? ¡Ojalá! (risas). A veces lo he pensado, sí... Esto ha sido algo valiente, razonable y necesario. Nosotros no hicimos nada parecido, quizá porque fuimos más afortunados que ellos y no tuvimos necesidad de hacerlo.

P.¿Siente miedo o tranquilidad ante el futuro?
R.Tranquilidad no, desde luego. Tengo un hijo de 16 años y ahora mismo estoy pensando en qué sucederá cuando termine la Universidad, si las cosas se habrán arreglado y podrá salir adelante. Me da miedo pensar que mi hijo llegue a los 40 años y no pueda vivir por lo menos como vivió su padre.

P.Usted le dedicó 500 páginas a un instante de la Transición. ¿En qué instante estamos ahora?
R.Estamos a la espera.

P.Y de ese instante es símbolo la acampada...
R. Puede ser. Eso significa algo, aunque todavía no sepamos lo que significa. Creo que ellos tampoco lo saben.

Estertores de la democracia estrangulada por la partitocracia
Partitocracia (o partidocracia) designaría al sistema de gobierno (de hecho) en el que la "democracia", nunca suficientemente bien definida, es sólo una estrategia de poder que favorece a ciertos sectores de la sociedad (minoritarios) en detrimento de otros (mayoritarios). Los que manejan este sistema encubierto son los grandes partidos políticos que directa o indirectamente, con más o menos conflictos y acusaciones mutuas, optan para "turnarse" en el control del poder, sabiendo que siempre será ellos los que lo controlen.(mayoritarios). Los que manejan este sistema encubierto son los grandes partidos políticos que directa o indirectamente, con más o menos conflictos y acusaciones mutuas, optan para "turnarse" en el control del poder, sabiendo que siempre será ellos los que lo controlen.

Juan Manuel de Prada (Baracaldo, 1970), escritor, crítico literario y articulista, es autor, entre otros, de «Las máscaras del héroe», novela que publicó con 26 años y con la que deslumbró a la crítica española; «La tempestad» (Premio Planeta); «La vida invisible» (Premio Primavera y Premio Nacional de Narrativa); y «El séptimo velo» (Premio Biblioteca Breve). Como articulista, ganó los premios González Ruano, Mariano de Cavia y Joaquín Romero Murube.
—Se pregunta usted «si existe España», ¿por qué?
—Se trata de una pregunta provocadora para la conferencia del Aula de Cultura, pero partiré de esa célebre frase que dijo Zapatero de que es «discutible y discutido» que España sea una nación.
—¿Y tenía razón?
—Zapatero ha dicho muchas mentiras, pero también algunas verdades. Y ésta es una de ellas. Pocos conceptos políticos son tan discutidos actualmente como el concepto de nación. Se trata de un concepto liberal, puramente contractualista, por el cual un número de personas decide libremente asociarse para formar una nación.
—¿Y ese «contrato» ya no vale en España?
—En mi conferencia trataré de demostrar cómo el concepto de nación liberal no sirve para mantener la cohesión o el sentido de pertenencia de una comunidad política a un determinado territorio.
—¿Y eso tiene arreglo?
—Yo creo que los españoles tienen que reconocerse en su pasado. España no comienza con las revoluciones liberales ni con la Constitución de 1812, aunque fueran hitos muy importantes en la Historia de España.
—¿Teme que España «se puede romper», como vaticinaba el PP?
—Yo creo que cuanto menos nos reconozcamos los españoles en esa serie de hechos y realidades que han ido configurando España a lo largo de la historia, el peligro de ruptura de España será cada vez mayor. Y lamentablemente ya muchos españoles no se reconocen en hechos como la Reconquista, que no se aceptan en muchos ámbitos como propios de nuestra identidad. Y eso es lo que ha dado cohesión a los reinos de España durante mucho tiempo.
—¿Y existe la posibilidad de recuperar esas señas de identidad?
—¿Por qué no? Yo no creo en la fatalidad de la historia. Creo que el sentido común hace que los pueblos, cuando se dan cuenta de que el camino que han cogido les lleva al abismo, se detienen y retroceden hasta la bifurcación en la que se equivocaron.
—¿Y el «patriotismo constitucional» de Zapatero no tiene futuro?
—Ese patriotismo constitucional no tiene ningún futuro. La gente necesita ese sentimiento de pertenencia a cosas concretas que alimenten su vida y desde luego una ley o una Constitución es en el fondo no deja de ser un papel.
—¿Se refiere a que nos haría falta algo más «emocional»?
—No sólo emocional, también racional. Una ley no da ningún sentido de pertenencia. Hace falta reconocer vínculos históricos muy profundos. A los españoles, para pasar las aduanas del llamado progresismo, se les obliga ahora a renunciar a esos hechos históricos, culturales, religiosos, tradiciones, etcétera, que nos preceden y que han hecho de España lo que es. Es que si ahora no te carcajeas de los Reyes Católicos, te conviertes en un ciudadano de segunda fila.
—Sostiene Boadella que para ser «un buen catalán», según la corrección política impuesta en Cataluña por los nacionalistas, hay que ser «antiespañol»...
Esa es la idea en la que se basan los nacionalismos: crear una identidad propia a costa de destruir la identidad común.
—¿Y si te sientes «español» no puedes ser «progre»?
—Claro. Y por eso hay que renegar de todos los rasgos y tradiciones religiosas y culturales españolas.
—¿Como la de los toros en Cataluña?
—Sí, pero todo esto es una consecuencia del concepto de nación en base a un puro contractualismo.

La crisis económica
—¿Qué cree que quedará de España tras la crisis?
—Más una crisis estamos en un cambio de era. Y creo que, aunque va a ser doloroso, lo que nazca en esa nueva época puede ser bueno. Podríamos recuperar una economía real y un fortalecimiento de los vínculos familiares, además de una recuperación de la fe. Lo que sí tengo claro es que el capitalismo financiero, que es lo que se está derrumbando, era una creación monstruosa.

—¿Estamos ante una crisis de valores, además de una crisis económica?
—Sí, estamos ante el fracaso de un modelo económico, político, moral, fundado en la obtención del beneficio. El temperamento del español siempre hace que cuando las cosas están mal, política, económica sy ocialmente, al final esto siempre se soluciona quemando iglesias, incluso algo de eso ya se empieza a intuir.
—¿Y no es posible que la religión salga beneficiada de esta crisis de valores y se convierta en una salida para muchas personas?
—Es posible, pero yo creo que la religión más que una buena salida debe ser una buena entrada. Los pueblos sin religión están condenados a la extinción. Solo la fe en otra vida es la que nos transmite fe para ser buenos en esta vida y ganarnos la otra. La historia demuestra que todas las civilizaciones que se han hecho descreídas han acabado desapareciendo.
—¿El llamado «Estado de Bienestar», que nació en la Europa occidental hacia la segunda mitad del siglo XX, puede ser pronto una quimera? ¿Cree que la globalización mezclada con la crisis no puede llevar a una «americanización» de nuestro modelo social?
—Creo que el «Estado de Bienestar» al que se refiere siempre fue una quimera porque más allá de la educación u otras prestaciones que el Estado debe prestar, se convirtió desde el principio en una especie de sustitutivo de los vínculos naturales y sociales que habían sido arrasados o destruidos previamente por ese mismo modelo. El Estado debe hacer una función de beneficiencia en el caso de los mayores o personas impedidas, pero de ahí a una ley de dependencia va un trecho. ¿Por qué se hace? Son los familiares los que están obligados a cuidar de sus mayores, en su casa. Lo que ha buscado el Estado son crear personas desvinculadas, sin ningún tipo de protección natural, que se han tenido que refugiar en el Papá Estado. El «Estado de Bienestar», en ese sentido, concediendo subvenciones y demás, ha sido malo porque nos ha convertido en borregos dependientes de unos políticos. O sea, que desaparezca ese tipo de Estado de Bienestar no me parece mal.
—¿El tercer gran partido español, después del PP y el PSOE, es el de la corrupción?
—La corrupción es una consecuencia lógica de una política sin Dios, que ha terminado convirtiéndose en una política sin moral, que ha generado una ética puramente utilitarista en virtud de la cual sólo es malo lo que hace un daño directo a alguien. El político que se queda con una «mordida» piensa que no hace mal a otros recalificando un suelo rústico, sino al contrario, cree que está creando riqueza, de la cual se queda, claro, una parte.
—¿La calidad democrática de España con qué otro país la compararía?
—Es que yo creo que no vivimos en una democracia. El problema de las «democracia» española es que no es una auténtica democracia sino una partitocracia donde el voto ciudadano está únicamente orientado hacia el fortalecimiento de las implacables estructuras de poder de los partidos políticos, que lo invaden y lo corrompen todo. Igual que en los demás países occidentales, en España no existe separación de poderes. Los partidos políticos eligen a los jueces del Tribunal Constitucional, a los miembros del Consejo General del Poder Judicial, a los consejos de administraciones de las cajas, a quienes tienen el poder en las universidades. Los partidos políticos son el único poder que existe en España. La partitocracia en la que vivimos es una forma de tiranía como otra cualquiera: lo que ocurre es que el tirano no se encarna en una persona sino en un grupo de poder, en una casta o en una oligarquía.
—¿Por qué cree que los intelectuales españoles tienen tan poca visibilidad e influencia en la política y la sociedad, a diferencia de los franceses o alemanes?
—En líneas generales, la desgracia del intelectual, término siniestro donde las haya, es que, en contra de lo que parece, el intelectual suele ser un sicario del poder establecido, un mero lacayo. Yo lo que percibo en lamayoría de los llamados intelectuales españoles es una mera adhesión a los principios del régimen, es decir, a la corrección política.
—¿Cómo cree, pues, que se puede sobrevivir intelectualmente en España?
—Si uno no quiere ser devorado, tiene que mantenerse constantemente alerta, cuestionarlo todo, revolverse contra todas las ideas establecidas y los clichés hegemónicos y contra los tópicos encumbrados a la categoría de dogma, aunque esto es doloroso, porque esa irreductibilidad provoca rechazo social. La manada lo que quiere es que te incorpores como uno más.

No hay comentarios: