jueves, 5 de marzo de 2015

A MARJALIZA LE TOCA LA LOTERÍA 8 VECES EN 15 MESES

Luis María ANSON
De pronto, entre los escándalos de corrupción que asquean a la ciudadanía, surge la pirueta que provoca la sonrisa de unos y la indignación de otros. España tiene una larga tradición lotera.
La lotería toca a algunos pero todos sabemos lo difícil que resulta ser señalados por el dedo de la fortuna.
Año tras año, sobre todo en Navidad, la decepción invade a la inmensa mayoría de los ciudadanos jugadores. Que a uno le toque la lotería es como un milagro.
Salvo a David Marjaliza, considerado como el cerebro de la trama Púnica, amigo de la infancia del político encarcelado, Francisco Granados.
A este Marjaliza, ungido por los dioses de la fortuna, le tocó la lotería en solo 15 meses, nada menos que 8 veces.
Cerca de 300.000 euros se embolsó gracias a su suerte el conocido empresario.
Casi 300.000 euros, en fin, blanqueó Marjaliza a través de una treta infantil.
Compró a los beneficiarios de la suerte lotera sus décimos premiados, tal vez con algún corretaje suplementario, para justificar la conversión al blanco del dinero negro presuntamente obtenido de las cloacas de la corrupción.

España ha sido siempre el país de la picaresca.
Una larga tradición literaria avala esa característica del homo hispanus convertida hoy en el pan nuestro de cada día de políticos y sindicalistas. España, aunque a la zaga de Italia, ha sido y es el país de la picaresca.
Desde Lázaro de Tormes al pequeño Nicolás, se pueden contar por centenares los casos pintorescos de farsantes, cantamañanas, embaucadores, sablistas, fulleros, faranduleros, cuentistas, impostores…
La gran literatura, que es el espejo puesto ante la sociedad, se ha recreado en las historias del Buscón, el guitón Honofre, la ingeniosa Elena, el Guzmán de Alfarache, Pedro de Urdemalas, el bachiller Trapaza, Estebanillo González, el Periquillo Sarmiento, Gregorio el Guadaña, el sagaz Estacio y tantos y tantos personajes que demuestran la vigencia histórica de la picaresca en España a lo largo de los siglos. El pequeño Nicolás, como el donado hablador de Jerónimo de Alcalá, ha sido el último fuego artificial. Engatusó a un político vidrioso para proyectarse sobre España, gracias a una televisión ansiosa de audiencias.

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